12 julio 2007

Blanco

Hoy se cumplen diez años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Un asesinato no admite clasificaciones ni jerarquías: quitarle la vida a un ser humano es siempre el acto más atroz que puede cometer otro ser humano. Lo que añade aquí una carga de espanto es el sadismo de la cuenta atrás, el espeluznante goteo de minutos hasta rebasar el límite donde la conciencia colectiva descubre la existencia de un horror ilimitado. El tipo que tuvo la sangre fría de disparar dos veces por la espalda a una persona arrodillada y maniatada también será capaz de formar en algún lugar de su cerebro algo parecido a una emoción cuando escuche a un txistu entonar una melodía vasca que, automáticamente, asumirá como un himno a su condición de mártir por la patria. Estos psicópatas de pañuelo bandolero y cobarde y boina garrula no tienen reparo en demonizar una cultura ancestral y, si hace falta, llevarse por delante a una sociedad pacífica para alimentar su locura ilimitada. Dice la madre de Miguel Ángel Blanco que durante el juicio no pudo dejar de mirar a las manos y a los ojos del asesino de su hijo. Los ojos que mostró la televisión de este ser enrabietado eran los de un monstruo inmunizado por la picadura de su propio veneno. No sé explica de otra forma poder soportar vivir.

Miguel Angel Blanco Garrido

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Cada vez que leo el nombre de Miguel Angel Blanco me palpita fuerte el corazon de pena, de ira. Que profundo asco les tengo a "esos".

10:01 p. m.  
Anonymous sergio said...

totalmente en linea con lo dicho por Mariano.

Estamos acomplejados y no sabemos la capacidad que tenemos para acabar con esto, por desgracia los políticos son nuestro reflejo.

12:36 a. m.  

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