22 junio 2005

Screwball comedies

Acabo de leer el magnífico libro que Pablo Echart dedica a la screwball comedy, la comedia disparatada del Hollywood de los años 30 y 40, por la que siento una especial predilección. Hacía mucho tiempo que no tenía entre las manos un libro tan bien documentado, estructurado y escrito. Una gozada.

Hepburn y Grant buscando a BabyEchart posee una rara habilidad para moverse con soltura en un territorio complejo mediante un estilo claro y atractivo. Y lo hace situando a las screwball en el contexto histórico, cultural y social de su tiempo sin olvidar su lugar en la maquinaria de la industria del cine norteamericano: desde una incursión a la búsqueda de las fuentes en las que la comedia hunde sus raíces -casi nada- al detalle concreto de la chispa que remata una frase ingeniosa. Entre medio, el papel que juegan las screwball en el proyecto de recuperación nacional que representó el New Deal de Roosevelt tras la Gran Depresión y su contribución en la promoción de la nueva imagen de la mujer -tan distinta y distante del prototipo de mujer vigente hasta entonces- y del matrimonio, cuya naturaleza y vigencia se llega incluso a cuestionar.

En este sentido, recuerdo un divertido momento en un reciente visionado de "The awful truth" (1937), de Leo McCarey (me resisto a utilizar el título con el que se estrenó en España porque parece una película de Jaimito). Cary Grant, en una ceremonia de petición de mano en el seno de una familia de lo más conservador, suelta con sorna: "Querida, en un matrimonio no tiene cabida la desconfianza". Y ante la vehemente aprobación del patriarca: "Bien dicho, hijo", la réplica de Grant no tiene desperdicio: "Gracias, lo leí en un libro o algo".

En este recorrido de lo general a lo concreto, Echart no olvida abrirnos las puertas de los Estudios para explicarnos de qué manera se ciñen las screwball a las convenciones narrativas que rigen la construcción de las películas del Hollywood de entonces y el partido que sabe sacar el género de las innovaciones de la industria. ¿Un ejemplo? La llegada del sonido, que supondrá la irrupción de los diálogos en las screwball, elemento imprescindible de estas comedias.

Todo ello, finalmente, propicia el suave aterrizaje en nombres, títulos y detalles concretos, tarea que, como dice Eduardo Torres-Dulce en el prólogo del libro, "tiene un enorme mérito ya que supone poner en papel pizcas de paraíso: supone atrapar en frases y razonamientos momentos de intensa felicidad, anotar de qué manera surge la sonrisa en un plano o cómo está hilada una secuencia para sorprendernos con la coda de una carcajada".

La salida del libro de Pablo Echart coincide felizmente con el lanzamiento en dvd de un pack de screwball comedies imprescindibles por parte de Warner-USA (vaya año que lleva Warner-USA!) recién recogido de la oficina de correos. Precisamente el libro nos ayuda a dar pleno sentido a la -en principio desconcertante- inclusión en el pack de la desoladora "Dinner at eight" (1933), de George Cukor. Y es que el texto de Echart nos brinda las claves que posibilitan la correcta lectura de este género maravilloso. No se trata de encontrar argumentos para legitimar un puñado de películas trasnochadas sino, muy al contrario, se trata de poner la guinda al disfrute de unas películas que, hoy en día, sorprenden por su frescura, su vitalidad, su caudal inagotable de talento. Y la alegría. Sobre todo la alegría.


5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Lo bueno que tienen los DVDs es que al fin podemos disfrutar de estas películas clásicas en versiones originales subtituladas, con un mínimo de calidad de imagen y sin molestos cortes publicitarios. Sobre todo en una época en que los cine-clubs ya no se estilan (ay, aquellas tardes en el Fantasio de Madrid) y las TV sólo se molestan en poner los últimos éxitos de la pantalla o subproductos realizadas expresamente para ellas (o, cuando emiten algo interesante, lo hacen a partir de las 23:00, cuando no directamente de madrugada).

Si no fuera por los DVDs, las nuevas generaciones no conocerían películas con más de 20 de antigüedad.

En fin, me apuntaré la recomendación del libro.

8:32 a. m.  
Blogger emejota said...

Cierto, lo que pasa es que de poco sirve un formato con posibilidades si no se explota adecuadamente. Hay muchas editoras que transfieren a dvd vhs de baja calidad sin el menor reparo (ejemplos por aquí tenemos bastantes) Y en no pocas ocasiones se nos vende como "extras" cosas que deberían ser obligatorias (el acceso por escenas, por ejemplo). Es cierto que algo se va avanzando en eso pero todavía nos tenemos que poner las pilas.

El caso citado de Warner USA es, en reglas generales, modélico: no sólo trabaja cuidadosamente el material sino que lo acompaña de unos extras ante los que uno raramente se queda indiferente. Un ejemplo entre docenas: la espléndida transferencia de "Los crímenes del museo de cera" de 1953 que incluye una rareza: la versión de 1933 de Michael Curtiz rodada en el primitivo technicolor a 2 colores.

11:42 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Sí. Hay muchas diferencias entre las ediciones. Las trasferencias desde VHS son, como bien dices, espantosas en la mayoría de los casos.

Por ciero, ¿conoces los dos volúmenes de Universal dedicados a Hitchcock? El primero de color negro, el segundo blanco. Todas las películas son acompañadas del correspondiente documental (de los que realmente cuentan algo interesante, no meras imágenes del rodaje, como se suele ofrecer). Y las pelis, de una calidad superior (si no recuerdo mal, de Vértigo, por ejemplo, es la versión restaurada).

4:37 p. m.  
Blogger emejota said...

Los conozco. El pack blanco es bastante "negro": "Los pájaros" y "Cortina rasgada", entre otras, no respetan el formato original. Sin embargo, Universal editó "Los pájaros" en EEUU en el formato correcto y con un master nuevo. Tiene narices la cosa...

11:25 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Es cierto, ferré, que gracias al DVD se recuperan joyas del cine anterior. Pero no es menos cierto que, en mi caso, acumulo DVD,s sin verlos, en espera de oportunidad o cambio en mis costumbres caseras. Hoy por hoy, necesito la disciplina y la liturgia de la sala de cine, a la que no puedo renunciar al menos una vez a la semana. Luego, en casa, se me resisten los DVD,s porque no soy capaz de sublimarme igual. A ver si aprendo, porque sé lo que me pierdo.

12:11 p. m.  

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