24 septiembre 2006

Carácter

"Debería buscarme a mí misma, perdida en mi trabajo,
sola, intentando sobrevivir..."
(Pilar Miró, 1940-1997)

Pilar MiróMe atrae mucho la personalidad de Pilar Miró, mujer de adjetivos tan numerosos como contradictorios: de ella se ha dicho que fue dulce, agria, terca, áspera, valiente, insegura, generosa, cruel, tímida, osada, déspota, brillante, maniática, cariñosa, borde, frágil. Al final de esta lista Iñaki Gabilondo precisa: "Fue la más fuerte de los débiles y la más débil entre los fuertes. Una mujer insoportable, extraordinaria, importante y profundamente incomprendida".

Un retrato muy complejo y, por lo mismo, muy atractivo.

Acabo de leer con avidez el libro que Diego Galán ha escrito de la Miró, fallecida hace casi diez años. Fue el hijo de la cineasta, el hoy mediático Gonzalo Miró, quien propuso a Galán que le escribiera un libro que le permitiera conocer quién fue su madre. Dijo el chaval: "Ella lo escribía todo. Si aceptas, te dejo todos sus papeles" y Diego Galán se lo pensó mucho porque invocar el fantasma de la añorada amiga se le antojaba tarea harto difícil. No contaba con encontrarse lo que ahora hemos descubierto los lectores: unos escritos personales de apabullante franqueza que muestran a una persona que esconde su vulnerabilidad, su soledad, sus miedos y sus contradicciones tras una armadura de hierro.

Pilar Miró fue una luchadora infatigable empeñada en abrirse camino en un mundo transitado por hombres. Fue directora de cine por vocación y por tentación ocupó importantes puestos políticos de gestión tan controvertida como eficaz. Fue promotora de un polémico decreto como Directora General de Cinematografía y más tarde la mejor Directora General que ha tenido Televisión Española, de donde salió por haberse comprado unas bragas de Loewe con el dinero de las dietas tras haber aireado la casa con insólitas y emprendedoras propuestas: el cine en versión original a diario, la puesta en marcha de la televisión matinal, la renovación tecnológica de los servicios informativos, la recuperación de animales televisivos (Jesús Hermida) y la apuesta en horario de máxima audiencia por una generación transgresora a la que dio alas para sobrecalentamiento de las centralitas de Prado del Rey: Javier Gurruchaga, Terenci Moix...

La Miró tenía mucho carácter. El propio Gurruchaga la parodió haciendo aparecer en pantalla a uno de sus frikis golpeando una mesa con un zapato a lo Nikita Kruschev y vociferando una y otra vez con voz de pito: "Aquí mando yo!, aquí mando yo!". Y es que nada se le ponía por delante, aunque luego en casa le diera la llorera para disgusto del niño Gonzalo. Una vez entró en la sala de realización y cortó la emisión dejando con la palabra en la boca a mitad de noticia a Luis de Benito, presentador del Telediario de las 9 de la noche, por no terminar a la hora. Y a Francisco Umbral le mandaba un ramo de flores con la nota "porque soy un caballero" (!) cada vez que éste la ponía a parir.

Las vacas sagradas de la profesión tampoco escapaban de la quema: un día el ministro Javier Solana estrechó la mano a Berlanga en un ágape y le dijo "hoy he firmado algo tuyo pero no sé qué era" y se volvió a la Miró para preguntarle "oye, Pilar, qué es lo que he firmado hoy de Berlanga?", a lo que la Miró contestó con voz agria: "Su cese!". Hay más: en mitad del éxito de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" invitó a Almodóvar a participar en un debate en directo y el manchego se excusó haciéndole llegar una nota: "Pilar, querida: perdona que no acuda pero estoy a punto de superar "el borde" del título de mi película. Estoy muy contento pero bastante destruído. Por supuesto, el éxito de mi película supone un éxito para el cine español, en el que participamos todos. Muchos besos". Ella respondió: "Querido Pedro, me tienes harta. cuando superes "el ataque" me avisas. Que te den dos duros". Hasta el propio Rey sufrió los rigores del temperamento de la realizadora cuando al grabar el tradicional discurso navideño se tuvo que oir "oiga, no lo podría decir un poco más seguidito?".

Pero esa Pilar Miró era la misma a la que le fallaba el corazón y la que mandaba a algunos allegados unas lacónicas notas de estremecedora ternura antes de entrar en el quirófano donde fue intervenida a vida o muerte en dos ocasiones. Por si acaso.

Pilar Miró fue una persona obsesionada con la muerte, que tuvo que aprender la terrible lección de guardarse de los suyos y que vivió angustiada porque el reloj no le concediera los minutos que necesitaba para darle el amor infinito que le suscitaba ese hijo del que se hizo cargo a solas. Nunca pudo imaginar que ese hijo adolescente tuviera que intervenir en la secuencia más dura de su vida: fue él quien la encontró derrumbada en el descansillo de la escalera interior de la casa una fatídica noche de octubre de 1997 y el chaval se puso a hacerle la respiración boca a boca porque así lo había visto en el cine (terrible ironía) aunque nada se pudo hacer porque el corazón se le había roto del todo.

A Gonzalo Miró le queda el retrato de Diego Galán y el consuelo de haber conseguido arrancar ese beso que, según James Barrie, aguarda en la comisura derecha de los labios de las madres y que Wendy nunca pudo alcanzar.


5 Comments:

Blogger Miguel Cane said...

Mariano:

Mi conocimiento sobre la Miró es vago y limitado, debido al hecho de que falleció antes que yo hubiese vuelto realmente mis ojos a la cultura popular española.

No obstante, los testimonios leídos cuando su muerte y ahora el tuyo, me reconfirman la impresión que mi cabeza ya albergaba:

Era todo un personaje, un character, yes indeed.

Abrazos hasta Harper's Woods.

MC
(de Twin Peaks)

6:57 a. m.  
Blogger Miles said...

Que barbaridad, ya casi han pasado 9 años de su desaparición y aun recuerdo la polemica de las bragas, y la realización de la boda de la infanta Elena...

una persona con un gran carácter que tuvo su primer infarto siendo adolescente. Al final el corazón le falló por tercera y última vez. Me alegro de que se editase un libro que ayude a comprender a esta gran mujer.

un saludo

7:04 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Pues sí, Pilar Miró era única. Por eso la persiguieron.
Pero no es por eso por lo que escribo, sino porque hoy (¡por fin!) he podido leer una errata/lapsus linguae o como quieras llamarlo en un texto tuyo.
Y, teniendo en cuenta que soy la persona que más erratas por página comete, he podido suspirar porque ahora sé que eres humano.
Te leo y te admiro. De verdad. Lo digo por si no lo sabes. Y es que estas cosas también hay que decirlas de vez en cuando.

7:25 p. m.  
Blogger emejota said...

¿¿ERRATA??? ¿MÍA??? ¿¿¿DÓNDE???

:D

(Supongo que habrá muchas erratas por ahí sueltas lo que pasa que son majas y disimulan)

Leer ya veo que me lees (con lupa!). Lo de admirarme... pues tú verás ;) pero debo confesarte que en ocasiones me siento yo mismo una errata.

Un abrazo

12:00 a. m.  
Blogger emejota said...

Te recomiendo el libro, Miles, y también a tí, Miguel, aprovechando que en nada vienes por aquí :)

Un abrazo a los dos.

12:01 a. m.  

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