26 marzo 2007

Trabajo

Eso, eso. Este fin de semana he trabajado una "jartá". Yo es que no hago distinción entre laborables y festivos. A lo mejor me tomo fiesta un martes pero igual a las cuatro de la madrugada del sábado estoy trabajando en algo. Ya he rellenado el papel pautado que el otro día le pedí prestado a la impresora. He hecho un ejercicio de reciclaje que, para variar, me ha complicado la vida. Pero es que yo soy así, qué le vamos a hacer. Primero cuento lo del reciclaje y después lo de la complicación.

La memoria recordó el otro día una pequeña composición que escribí hace tropecientos años y en la que experimentaba con varias cosas: diseñar una línea melódica a partir de variaciones en la acentuación de un pequeño motivo inicial, tratarla en un contrapunto que se fundaba precisamente en esas acentuaciones y aliñándola, finalmente, con una armonía de corte modal. En su día quedó en eso, un experimento. El reciclaje ha consistido en desempolvarla, redistribuirla, quitar ésto de aquí para pasarlo allí, quitar esto otro para no ponerlo en ninguna parte y rellenar el hueco consiguiente para que no pase el aire y no haya corriente. Y mira por dónde, el resultado ha sido una pequeña pieza para coro infantil con acompañamiento de piano.

Ahora viene la complicación.

Una cosa es poner música a un texto y otra, muy distinta, ponerle texto a una música ya hecha. A ver dónde encuentras unos versos que te encajen, majetón. Pues en ninguna parte, a no ser que te inventes un lenguaje propio (tentadora idea, tengo que reconocerlo) o que tengas la osadía de hacerte pasar un rato por poeta y te confecciones a medida el asunto. Nunca mejor dicho lo de confeccionar a medida, porque si ya es un infierno discurrir algo, ese algo tiene que encajar aquí con los acentos musicales, y las sílabas tienen que ir en consonancia con el número de notas disponibles y demás.

Reconozco que el hecho de que fuera una pieza para coro infantil ha supuesto una pequeña ayuda porque puedes permitirte un texto mucho más elástico. De hecho, la lógica disparatada o los juegos de palabras se amoldan muy bien al estilo. Y de eso va lo que me ha salido, que habla de un niño que cuenta números y al final tiene una indigestión por comer tanto chocolate así que tiene que venir el médico y le pide que diga treinta y tres (más números). El niño se llama Andrés, y dice treinta y trés, y hay un marqués que se encuentra al ciempiés. Y después. Y al revés.

(ya ves)

¿Cómo titularlo? Pues "Cuento", cómo se va a titular si no. Porque es un cuento de la cabeza a los pies: cuenta números y cuenta una historia. Cuento- cuento, en definitiva. Lo he terminado de madrugada y al despertarme he dedicado el día a pasar al ordenador la partitura, con las voces, el texto y la parte de piano. Luego la he maquetado (maquetando tengo manías mil, hasta que queda como quiero le da tiempo al ciempiés a cortarse todas las uñas) y hasta le he puesto una portada. Y cuando lo he tenido frente a mí he dicho,

AL FIN

Y ya veremos qué hacemos con ella.


2 Comments:

Blogger Rachel said...

plas plas plas plas plas



(si alguna vez necesitas yengo miles de dibujos de ciempés de señores al revés....¿lo ves?)

12:35 p. m.  
Blogger emejota said...

(yes)

:D

4:10 p. m.  

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