09 agosto 2006

Retaguardia

Daniel Cebrián, director de "Segundo asalto" (2005), comparece muy serio en el making of para decir que descubrió al protagonista de su película, Alex González, en una serie de televisión y que lo primero que vio fue su culo.

Eso dice.

Después vio la cara y pensó que encajaba en el papel pero no aclara hasta qué punto una cosa u otra, el culo o la cara, pudo más en la decisión final. Es cierto que a lo largo de la película sale más la cara, pero hay un plano cuya única justificación reside en que al chaval se le vea el culo. Cara y cruz.

Alex GonzálezHe visto en dvd "Segundo asalto" y, oye, a la mitad le he dado a la pausa. ¿Por qué? Pues porque desde un primer momento ya sabes lo que va a pasar y cómo va a pasar, lo cual aún da mas tristeza. Es todo taaaaaaan previsible. Es previsible la trama, son convencionales a más no poder los escenarios, y es difícil encontrar unos personajes más estereotipados. Darío Grandinetti hace de malo-listo de libro. Alex González hace de chico bueno puteado por la vida que deambula por el Madrid pobre. También de libro (y enseña la contraportada). Y la madre (¡ay la madre!), Maru Valdivielso, una madre compungida con bata compungida en un cuartito de estar que nos deja compungidos. Una madre como de casting para Oliver Twist.

Los demás hacen de los demás.

Lo que pasa es que todo está correcto y a veces eso es un problema. Quiero decir que en ocasiones sales del cine y dices: bueno, pero a pesar de esto y lo otro la peli está correcta, y eso como que la salva. Pero es que aquí hasta la corrección es convencional. Sosa, no sé. Después de pensarlo he vuelto a dar a la pausa a ver en qué minuto se producía lo que se tenía que producir y no ha fallado nada, oye: lo que tenía que pasar, lo que no pasa al final (supuesto momento sorpresa), el que pierde, cómo pierde, el que gana, cómo gana... Todo eso.

La palabra es pereza.