29 septiembre 2005

Alquimia

Karl BöhmCon cuentagotas, Deutsche Grammophon va volcando en dvd los fondos de su extraordinario archivo audiovisual. Ahora le ha tocado el turno a una histórica grabación del Requiem de Mozart dirigida por Karl Böhm al frente de la Sinfónica de Viena y con un elenco de solistas excepcional: Gundula Janowitz, Christa Ludwig, Peter Schreier y Walter Berry. Ahí es nada. La filmación data de 1971 y tuvo lugar, sin público, en la soberbia Iglesia de los Piaristas de Viena.

Lo de Mozart y Böhm es muy difícil de explicar porque ya no se trata de una cuestión de química. Es una cuestión de alquimia. Lo que está claro es que cuando este director austriaco dirige a Mozart con sus maneras reposadas sucede "algo" especial. Y siempre algo bueno.

El requiem de Mozart es un ejemplo clarísimo que demuestra que cuando se quiere hablar de música se tiende a hacer literatura, pero no se habla de música. Eso no quiere decir que el conocimiento de la historia o circunstancias que rodean una composición no sean importantes, por supuesto, pero lo son siempre que nos lleven hacia la música, y no de manera que la música sea la banda sonora de un sucedido o anécdota por muy interesante que resulte: en el caso del Requiem de Mozart, la archiconocida y trágica historia del genio agonizante que expira en el compás octavo del "Lacrimosa" y etc, etc, que, si bien pone el telón de fondo, no nos explica en realidad el milagro de la composición.

Pero el colmo de este Requiem es que ha quedado contaminado por la historiografía romántica, que tantos y tan lamentables desastres ha ocasionado con su enfermiza inclinación al drama heavy sobre la veracidad histórica. Ahora parece ser, y se está en ello, que si Mozart no terminó su Requiem fue, digámoslo sencilla y llanamente, porque no le dio la gana, porque entre medias compuso varios de sus últimos prodigios. Así que, si nos fijamos bien y de confirmarse ésto, la cosa cambiaría radicalmente: pasaría de ser el inacabado canto fúnebre de un agonizante a convertirse en un gesto de rebeldía ante la muerte. Ahí es nada: la diferencia entre considerar lo inacabado como derrota o como victoria. Pero, ves? Al final yo también estoy haciendo literatura así que voy a lo musical.

Me interesa más, por ejemplo, señalar el destacado papel que el clarinete tiene en esta obra -el descubrimiento del timbre del clarinete fue uno de los últimos impactos estéticos de Mozart- que no ha sido, en mi opinión, objeto de la atención que merece. De ser cierta la connotación simbólica que el compositor parece otorgar a este instrumento desde el momento en que lo incorpora a sus últimas obras, "iluminaría" en todos los sentidos el drama del Requiem. ¿Ya estamos otra vez con la literatura? Pues sí, pero ya nos está conduciendo a la música: escucha la obra y "mira" al clarinete.

En cualquier caso, lo esencial en esta obra, la historia más apasionante y lo verdaderamente importante es algo que, de obvio, no se ve: que este Requiem es una composición puramente contrapuntística salida de la mano de un maestro del contrapunto. ¿Y qué tiene eso de especial? Pues que estamos en 1791 y que estamos hablando de Mozart.

Es cierto que los esfuerzos de su padre Leopoldo por dar a su hijo una formación completa le hicieron tomar contacto temprano con el contrapunto; primero con el padre Martini, luego con el Bach de Londres, que le proporcionaron una base sólida. Pero atención, porque la diferencia aquí es que Mozart no incorpora las técnicas y artificios del contrapunto a su requiem, sino que toma al contrapunto como fundamento expresivo sobre el que erigir su obra. Eso es lo que, en realidad, lo vincula a la larga tradición de los verdaderos maestros-poetas del contrapunto, desde Bach hasta Josquin.

Pero esta consideración no sirve de nada si el director que monta el Requiem de Mozart no se entera. Afortunadamente, no es el caso de Böhm, faltaría más. Gracias a él descubrimos, al fin, que el Introito es una fuga, y no sólo eso, sino que también descubrimos que en la acostumbrada sucesión de entradas de los temas reside aquí el drama verdadero. Vamos, que el medio se ha convertido en sustancia viva con la que modelar la obra de arte. No es de extrañar, por tanto, que el coro de Böhm dicte la polifonía con exquisita claridad (y eso a pesar de ser un coro impulsivo, enfático, fuerte es la palabra que lo define mejor) Y es de agradecer el acierto del director de la filmación (hombre sensible e inteligente) de fundir en transparencia el rostro de Böhm con el de sus cantantes, de manera que asistimos absortos a la materialización de la emoción mediante la comunicación entre los ojos y el índice del director y las voces de sus cantantes.

Es tal la importancia del uso y función del contrapunto en esta obra, que incluso suya es la responsabilidad de la enorme eficacia expresiva de los raros momentos en los que desaparece de la partitura. Tal es su influencia: actuar hasta en la ausencia. Así ocurre en el pasaje del bellísimo "Recordare", cuando Mozart recurre a la homofonía de las voces para subrayar precisamente el momento decisivo del texto: "que tanto dolor no sea en vano".

(que no lo sea)


18 Comments:

Anonymous Ferre said...

Una pregunta al hilo de este Requiem, Emejota. ¿Es mi impresión o Mozart tiene muy muy poca música religiosa (llamémosla así) en su catálogo?

A ver si en cuanto saque los CDs de la caja donde los metí, pongo el Requiem y me fijo en los dos aspectos que has comentado: contrapunto (y su ausencia) y clarinete.

6:29 p. m.  
Blogger Magda said...

Siempre me sucede que cuando escucho el clarinete recuerdo a Orfeo ¿por qué? no lo se, algo debe de existir en mi cabeza que me lleva a él, quizá porque Orfeo es para mi el favorito dentro de la mitología griega y aunque no era clarinete lo que tocaba, lo relaciono.

Me encanta leer tus textos, aprendo mucho. Gracias Mariano.

Un beso.

7:26 p. m.  
Blogger emejota said...

No creas, Ferre. En la edición Philips de la integral mozartiana, las obras religiosas "cortas" ocupan 5 cd´s y las obras "gordas" la friolera de 11. De todas formas, el Clasicismo no fue un tiempo religioso, consecuencia de los tiempos.

Cuando saques el requiem de la caja (parece que lo vayamos a sacar de ataud!) sitúate en el introito: sobre el ritmo lúgubre de las cuerdas, los instrumentos de viento van a iniciar una fuga a 4 voces. Entrará primero un fagot, enseguida el primer clarinete e inmediatamente el segundo. Agárrate a él (aunque falte por entrar el último fagot) porque él es el importante, el decisivo, quien te va a adentrar en la fuga vocal. Una vez repetida esta misma exposición por parte del coro, hay un detalle muy curioso: Mozart modula súbitamente del oscuro modo menor al luminoso modo Mayor para hacerlo coincidir con las firmes palabras del coro "Et lux perpetua..." ("que la luz perpétua..."), y justo en el instante en que terminen la frase entonando "...los ilumine" comprobarás que todo cesa de golpe y tan sólo se escuchan dos leves notas por parte de los clarinetes, tras las cuales el coro repetirá "que los ilumine". No es precioso?

De paso, observa las evoluciones de esta pareja de clarinetes en el "Recordare", que casi convierten su inicio en un dulce divertimento.

Un saludo.

7:49 p. m.  
Blogger emejota said...

Muy sencillo Magda: porque si existe un instrumento "mágico", ten por seguro que ese es el clarinete. Así lo percibió Mozart y, fíjate qué curioso, así lo perciben los niños. Tengo una experiencia al respecto con un grupo de niños con unos resultados que me dejaron de piedra. Algún día hablaremos de todo ello.

Un beso.

7:53 p. m.  
Anonymous Ferre said...

Seguiré tu ejemplar exposición en cuanto lo resucite. Oye, este comentario tuyo casi lo deberías subir a la categoría de post, porque tal y como has deescrito ese Introito, se me está haciendo ya el oído agua.

Muchísimas gracias, Emejota

9:21 p. m.  
Blogger Magda said...

Me encantará :))

11:49 p. m.  
Blogger wilson said...

Fabuloso. Siguiendo la línea de Magda, a mi me recuerda a Pan, el más lividinoso de los artistas míticos.

Emejota, me obligaste a escuchar el Requiem, pero tras la esquina salió el maldito Salieri de Hollywood. Bien dices en afirmar que estamos mediatizados.

1:09 a. m.  
Blogger Rachel said...

¿Estamos mediatizados? ¿O en el fondo nos gustan todas historias de entresijos? Creo que aunque Holliwood no nos hubiera presentado la inquietante imagen de Salieri frente al Mozart de risita histérica en algún lado hubiera aparecido una hsitoria para rodear esta magnífica obra.
Como acto de rebeldía (como dice Mariano) o con los tintes "románticos" del compositor agonizante con la pluma en la mano... No sé. Para mi fué un sueño tocarla. El "Lacrimosa" que decir de e´l, pero cuando dexcubrí el "COnfuntatis" diosssss.... tengo que volver a tocarlo.

Lo del clarinete ... lamento no compartirlo :P
SALUDOS

1:30 p. m.  
Blogger Diana Carolina said...

Mozart...

Confieso que la leyenda del Mozart agonizante y su lacrimosa me cautiva, cuando lo escucho es como dedicarle un momento 'de silencio' a su memoria.

Es curioso lo del clarinete, parece que cada quién pone énfasis en el instrumento preferido. Mi alma se pierde siempre en las cuerdas.

Sólo por comentar, el instrumento preferido de Mozart era la viola; pues esta es de una melancolía tal, que se lograba asemejar a su espíritu. A pesar de ser un virtuoso en el violín y haber sido en varias ocasiones violinista primero en la orquesta, cada que tenía oportunidad, prefería un lugar en la sección de las violas. Curioso.

Qué palabras me regalas sobre el Kyrie?

Déjame adivinar si es que te acordaste de esta Mozartiana mientras escribías...

Un fuerte abrazo, Emejota!

=)

12:13 a. m.  
Blogger emejota said...

Muchas gracias a tí, ferre, por seguir con tanto entusiasmo mis divagaciones musicales.

Un abrazo

11:58 a. m.  
Anonymous Gabriela said...

Querido emejota, qué hermosa manera tienes de precisar en cuestiones musicales (bueno, en las otras también), pero es tan agradable leerte cuando hablas de esto. Lo que para los demás es misterioso y nebuloso, tú lo conviertes en diáfano y de ese modo uno entiende mejor por qué la emoción aflora en ciertos pasajes más que en otros, o qué tiene que decir cada instrumento en el contexto de la orquestación. Para mí es una delicia aprender contigo.
(Y besos mañaneros, claro está).

P.D. Háblame un día de la 40 de Mozart.

12:05 p. m.  
Blogger emejota said...

Para Wilson y Raquel:

¿Estamos mediatizados? Si ¿Nos gustan los entresijos? Mucho, a mí el primero, que conste. ¿Y el Salieri de Hollywood? Pues la película me encanta. Le perdonamos todo a ese Salieri porque es una magnífica historia (medias verdades aparte) en una magnífica película.

Hay en "Amadeus" una secuencia que, para mí, representa a la perfección el "aguijón" que produce el contacto con la belleza absoluta, que tanto se da en Mozart: es la escena en la que Salieri lee los manuscritos de Mozart. Mientras la cámara nos muestra a sus ojos ir de un lado a otro leyendo los pentagramas (qué planificación más buena!), de fondo suena el Kyrie de la Misa en do menor. Conforme la emoción crece, Salieri va mostrando un rictus doloroso y en el instante en que la soprano alcanza el clímax, Salieri pone los ojos en blanco, echa la cabeza hacia atrás y las partituras se le resbalan de las manos. La música cesa de golpe.

Esta escena se la he contado mil veces a mis alumnos. Cuando termino de hacerlo, alguno se te queda mirando con los ojos bien abiertos y entonces dice: oye, y la de "Alien" también me la podías pasar si la tienes, o qué? :D

Ahora bien, señorita Raquel: haré oídos sordos a lo del clarinete :) No he oído nada!

Un abrazo a ambos.

12:10 p. m.  
Blogger emejota said...

Mi querida Diana:

Que no te quepa duda de que siempre me acuerdo de tí cuando escribo sobre Mozart ;)

Comprendo lo que dices sobre lo que bien denominas el momento de "silencio" del octavo compas del Lacrimosa. Me ha pasado. Pero me reconocerás que la hipótesis de la "rebeldía" tiene su poesía también.

Tienes mucha razón en lo de la viola. Ese es un tema que me llama mucho la atención porque si lo observas, verás que ha habido y hay grandes compositores cuyo instrumento predilecto para tocar ha sido ese que, curiosamente, es un instrumento misterioso para el público y digo misterioso porque en la masa de la orquesta, ¿qué hace la viola?

Respecto a la viola en Mozart, a esa predilección debemos la colección de quintetos maestros para cuerda, no lo olvidemos.

Sin embargo, no debemos olvidar tampoco el impacto del descubrimiento del clarinete en Mozart. Observa sus últimas obras. Lee lo que dice de él en sus cartas y escucha la calidad y calidez de los fragmentos en los que aparece. Lo que pasa es que el clarinete a Mozart se le apareció tarde...

Del Kyrie: una fuga es siempre una aventura. La aventura de este Kyrie es milagrosa y perfecta. Es, en mi modesta opinión, una de las más perfectas demostraciones de lo que he descrito en el post: la utilización expresiva del contrapunto llevada al extremo. Un día recorreremos ese Kyrie, como quien recorre un monumento, para fijarnos en ciertos detalles que, como ocurre en las catedrales cuando nos enseñan una diminuta piedra de la que nos dicen que soporta un arco imponente, puede que no se vean a simple vista, pero son esenciales para el conjunto. Descubrir esos detalles nos hace amar (todavía más!) esta música de un Mozart en estado de Gracia.

Un fuerte abrazo, Diana!

12:27 p. m.  
Blogger emejota said...

Mi querida Gabriela:

Me has acostumbrado a tus besos mañaneros y me encantan :)

Muchas gracias por lo que dices. En realidad mi trabajo es ese: poner luz en la niebla. Aparte mi actividad profesional formando músicos, llevo 10 años impartiendo cursos de apreciación musical para adultos no iniciados y pronto te das cuenta que tienes un trabajo fácil y muy difícil al tiempo: fácil porque llegan predispuestos a dejarse llenar de una materia que va directa a la emoción (y se emocionan más cuando comprenden que si le pones un poco de razón la estás acercando más al corazón, en contra de lo que habitualmente se cree). Y difícil -mucho- porque esa materia es invisible. No se deja agarrar. Qué paradoja: una simple melodía te puede alegrar el día o hacerte llorar pero no pesa, no huele, no la ves, no la puedes coger con las manos. Entonces comprendes que tienes que valerte de una serie de recursos para apoyarte, para materializar eso de lo que quieres que aprendan. Yo siempre digo que hago de oculista: les pongo lentes a las personas para que "vean" mejor con los oídos. También juego con el ritmo de la clase: una anécdota puede ser perfecta para relajar el tempo tras un pasaje tempestuoso; un silencio puede ser la mejor explicación a un instante... Pero eso sí, que todo vaya hacia la música. es lo que importa.

P.D: hablaremos de la 40. La Sinfonía 40 es una sinfonía infinita, no tiene fondo. Y duele.

Un beso (y dos)

12:40 p. m.  
Blogger wilson said...

Me acuerdo de la escena. ¿Es Salieri la necesaria voz para los no iniciados?

6:58 p. m.  
Blogger emejota said...

No necesariamente. En este caso es Salieri pero podía ser otro. El personaje es aquí el instrumento para hacernos llegar lo que importa: que el impacto de lo bello duele (inquietante paradoja) y que, de eso, la música de Mozart sabe mucho. Para mí, esa es la "lección" de la escena, enseñarnos que éso ocurre y mostrarlo a todos, iniciados o no.

En cualquier caso, ver "Amadeus" es un poco como lo que cuento en el post sobre lo de hacer literatura de la música. Puede resultar muy vistoso, apasionante, pero en realidad no nos acerca al misterio profundo que es Mozart. Me parece perfecto si unos personajes y situaciones reales del pasado sirven como pretexto y punto de partida para hacer una elaboración personal que de lugar a una bonita obra escénica (a mí me lo parece). Y si eso, además, sirve para abrir el apetito por acercarse a Mozart, mejor que mejor.

Un saludo.

7:22 p. m.  
Blogger Rachel said...

"Amadeus" sí, es un gran montaje y estoy completamente de acuerdo en la GRAN sincronización de imágenes y musica (tengo que volver a verla). "Requiem"...una obra de un gran peso dramático en manos de una GRAN mente...sólo podía dar cómo resultado ese cúmulo de combinaciones perfectas de sonidos...
He puesto el "Requiem" de fondo mientras escribo (tengo que conseguir otra versión) y solamente un comentario más. Que creo que Mariano te lo saltaste al leer mi otro post.
jejeje el clarinete...lamento decirte que ... bueno, venga... vale... no te lo repito. No voy a ser mala
UN BESO

1:54 p. m.  
Blogger Tommy_Baxter said...

Ha sido un verdadero placer encontrar tu blogg. Te felicito por tu espléndido artículo sobre el Requiem, con el que coincido totalmente. Espero uno nuevo pronto, quizá con la Misa de la Coronación o, si va de Requiems, con el Alemán.

Mi versión de referencia no puede ser otra que la de Peter Schreier, con la Staatskapelle de Dresde, en 1983.
Antes escuchaba la de Karajan con la Filarmónica de Berlín y los Cantores de Viena, y he de decir que echo de menos el crepitar del vinilo.

En cuanto a Amadeus, pobre Süssmayr, aunque es una buenísima película.

Un saludo

Dies Irae!

7:51 p. m.  

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