11 enero 2006

Inicios

Yo estudié música por accidente.

La "culpa" la tuvo la vecina, que una tarde llamó a la puerta y le dijo a mi madre si te has dado cuenta de lo que está haciendo tu hijo con la flauta del colegio. Como provengo de una familia a la que la música no le suena, mi madre pensó en un primer momento que yo había hecho algo malo, pero resulta que no, que lo que pasaba es que la vecina (a la que sí le sonaba la música) llevaba unos días oyéndome tocar, a todas horas, fragmentos del primer movimiento del "Concierto para Clarinete" de Mozart que yo había sacado de oído. Que esa es otra: de dónde me viene a mí el gusanillo por la música. Pues de Jack Brymer, clarinetista. Un día fui a casa de mi tía a jugar con mis primos y tenía puesto un disco de la primera colección de clásica que salió en fascículos: "Los grandes compositores", de Salvat, en 100 vinilos y 5 tomos gordos. El disco 37 sonaba esa tarde y a mí ese sonido me llegó al alma. Era Jack Brymer tocando el concierto de Mozart con la St Martin in the Fields. Yo no sabía qué era un clarinete pero en casa tenía la dichosa flauta de plástico del colegio y consideré más interesante buscar de oído lo oído (valga la redundancia) que tocar "La cucaracha" o el "Himno de Eurovisión", que así venía en el libro.

El caso es que la vecina le dijo a mi madre que había visto un anuncio, que se abría la escuela de música y que, chica, ya perdonarás, pero como la inscripción es gratis pues lo he apuntado. Si no quieres no lo llevas y ya está. Pero mi madre fue a enterarse del asunto. Tras una mesa había un chaval largirucho que en aquellos tristes locales municipales hacía de hombre orquesta, porque se ocupaba de todo, desde las tareas de dirección hasta hacer de secretaria, como en aquellos momentos. 25 años después se sentaría a mi derecha para tocar Ravel a 4 manos pero entonces no lo sabíamos ninguno. Mi madre dio mis datos y cuando ya se daba la vuelta para irse el joven largirucho preguntó que cuál era el instrumento elegido. Ah, ¿es que hay que elegir instrumento? Pues si, mujer, claro. Mi madre no sabía qué decir así que pidió consejo y el joven largirucho le dijo que el piano era lo más solicitado. Pues piano. Pues lo apunto en piano, empieza la semana que viene. Gracias, buenos días. Adios, buenos días.

Creo que en esta historia están las claves que explican las razones de que yo sea un pianista tan atípico: yo nunca he hecho una escala como ejercicio fuera de una obra, por ejemplo, y un arpegio ni te cuento. Ese tipo de disciplinas me espantaba. Y los estudios de mecanismo sólo me interesaban si tenían buen tacto al pulsar. Sin embargo, el piano me proporcionó enseguida la posibilidad de sentir en el pecho y en las sienes los acordes de séptima y de novena mayor, que no es cosa menor. No me arrepiento, que conste, aunque con el tiempo llegué a dar un par de lecciones de clarinete: las justas para tocar, curiosamente, una escala. Luego lo dejé porque quien daba las clases era un militar delgadurrio de carnes secas, bigotillo y gafas oscuras de cristales verdes que vociferaba todo el rato al compás de dos por cuatro y me daba mucho miedo y me ponía muy nervioso. Pero todavía guardo la boquilla y, de vez en cuando, la cojo de la estantería, la descubro quitándole su capucha de metal y observo el trocito de caña de madera, de cuyo sabor y textura guardo perfecta memoria en el paladar. Yo soy un pianista con alma de clarinetista, así que imagínate qué paradoja cuando un día me vino un clarinetista para que le enseñara a tocar el piano.

Pero estábamos en la vecina y en Jack Brymer. Vayamos concluyendo. La vecina ya no es vecina porque nos cambiamos de casa pero de vez en cuando me envía unas tartas de moka que quitan el sentido; Brymer se murió hace dos años y años me costó volver a encontrar la grabación fetiche en disco compacto. Y es que Philips se empeñó en descatalogar, inexplicablemente, esa versión a cambio de otra en la que Brymer está acompañado por la Sinfónica de Londres y es una pena porque es muy difícil que te toque un día de esos que te sales y que tengas la suerte de que el micrófono esté allí en ese instante. Y eso es justamente lo que ocurrió cuando Brymer grabó con la St Martin in the Fields a las órdenes de Marriner. Disco redondo. Gracias a Dios, que el director de "Memorias de Africa" eligiera un fragmento de esa grabación para la película motivó que, por breve espacio de tiempo, se pudiera encontrar tan anhelado tesoro con una portada insólita: un guerrero batusi, un mandingo, qué se yo, con el Wolfgang Amadeus y demás como acompañamiento tipográfico. Muy curioso.

Para mí, el sonido del clarinete es el de Jack Brymer, porque quizá lo que me deslumbró de niño fue su sonido, sonido inconfundible de madera y terciopelo, maleable y con presencia. Observo que hay clarinetistas que tocan pensando que tienen una flauta dulce entre las manos y ese sonido que sacan no termina de agradarme. Ahora que lo pienso, mira qué galimatías: hay clarinetistas que tocan pensando que tienen una flauta entre las manos mientras que yo tocaba la flauta de juguete en mi niñez fantaseando que tenía entre las manos el clarinete de Jack Brymer que terminó por hacerme pianista. No sé muy bien a qué viene esto a estas horas pero ya está. Hala.


7 Comments:

Blogger Diana Carolina said...

Ahora lo comprendo todo!

=)

Qué increíble, Mariano. De verdad que el clarinete en ese concierto de Mozart es hipnótico.

Curioso cómo el alma se identifica de inmediato con algún instrumento. Yo no puedo dejar pasar desapercibidamente un clarinete en Mozart, pero las cuerdas me arrancan!

De pianista o clarinetista, tu alma es grande.

Un abrazo!

4:38 p. m.  
Blogger Rachel said...

A mi ese joven larguirucho y de nariz sefardí no me dejó matricularme en piano, ni en flauta :( Me matriculó él solito sin consultar en violín y mira tú.
Al final tenía razón ¿no?

10:16 p. m.  
Blogger Rachel said...

Menos mal que no me matriculó en clarinete :P (es bromaaa). Aunque ya sabes que ese instrumento y yo no somos muy compatibles. Aunque es como todo, reconozco que un clarinete BIEN tocado es como todo, pero cuesta encontrar buenos sonidos. ¿Serán manías? Me pasa lo mismo con los tenores...¿Por qué será?
Me lo haré mirar.

11:00 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Una vez más has tocado una "venita" en mi cerebro que me ha hecho recordar una anécdota paralela a la que narras: empecé a estudiar música para "chinchar" a mi hermano mayor, pues él se había apuntado y no quería ir con la peque a ningún lado, de manera que me apunté para fastidiarlo y él lo acabó dejando. Escogí el clarinete ( o podría decir que él me escogió a mi) porque como "supuestamente" se me daba bien eso de la música y mis padres no podían comprarme ningún intrumento (costaban un dineral) el ayuntamiento de mi pueblo me dejó un clarinete en depósito que les "sobraba" a la banda de música.
Quería una flauta travesera, pero con los años acabé amando al clarinete en toda su amplitud y en todos sus registros (desde Mozart a Amparito Roca) ...
...incluso con algunos años más,acabé felizmente casada con un profesor de clarinete.
Llevo unos 5 años sin cogerlo en las manos, pero al leer lo del sabor de la caña me ha subido automáticamente a la boca.
Desde el anonimato, una vez, más gracias por ponerme los pelos de punta con tus palabras.

1:58 p. m.  
Blogger emejota said...

Ya sabes, querida Diana, que el descubrimiento del timbre del clarinete fue uno de los impactos estéticos más importantes en la vida de Mozart, así que no es de extrañar que no te pase desapercibido.

Su aparición en sus últimas obras es siempre memorable, en lo musical y en cómo Mozart sabe sacar del instrumento todo lo bueno que tiene.

Gracias por tus cariñosas palabras!

Un abrazo

5:12 p. m.  
Blogger emejota said...

Querida Raquel: sí, tenía razón, es que este hombre tiene olfato (y no lo digo por lo de la nariz sefardí)

Un clarinete bien tocado no es como todo. Es mejor :-P De todas formas... creo que en su día escuchaste algo de Mr Brymer en una clase mía. Seguro que te gustó (Mr Brymer, no mi clase)

;)

Un abrazo

5:16 p. m.  
Blogger emejota said...

Querida anónima (esto suena a consultorio de Elena Francis, así que empiezo otra vez)

Hola:

(así está mejor)

No sabes la ilusión que me hace que me lea una clarinetista. A mí también me has tocado una venita: por ejemplo, el recuerdo del sonido de las llaves, ese "click-click" tan característico (como lectora de este blog, ya sabes que mi relación con la música es muy física). Ah, y qué bonito lo de "Amparito Roca", la de veces que lo escuchaba yo de pequeño a la banda...

¿Conocéis tú o tu marido la grabación de Brymer a la que me refiero, con la St Martin? Es por curiosidad. Una vez le pregunté a un famoso clarinetista español y contestó de Brymer: "tocaba mucho". Fue una contestación como de político, de esas que diciendo no dicen, o que parece que no dicen pero dicen. "Tocaba mucho", contestó mirando a la lejanía. Me hubiera gustado preguntarle si eso era bueno o malo pero ya se había ido a saludar a alguien...

Un abrazo

5:24 p. m.  

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