18 enero 2006

Incógnita

Para despejar la incógnita que te permite acceder al cuartel general de Flexo, representada por esta equis trazada con tiza de bits, hay que tomar cuatro Cola-Caos, tener en cuenta los 102 minutos que dura Casablanca y acompañar a los Hollister por el Centro Comercial. Sacar a colación el episodio piloto de "Twin Peaks" ayuda y también hay que levantar algo la voz para que no se la lleve el ruido de la cafetera.

Cuando entras a al estudio, lo primero que te encuentras es una mesa larga y dos pantallas colocadas en paralelo como si fueran los ojos que convierten a la habitación en un rostro y que miran al visitante allí plantado que no sabe que hace de nariz. El destino ha querido que esta mañana el ojo izquierdo de ese rostro (derecho para el visitante) estuviera ciego, como el mío, no sé si por la mala aplicación de un forceps digital o porque te recibía con un guiño. Mientras la pantalla de al lado mostraba formas y colores, tipografías con y sin serifas y hasta un blog que cuenta los post en horizontal, la pantalla ciega ha comenzado a parpadear inquieta mostrando los descuidados caracteres de un menú de primeros auxilios, que en momentos tan decisivos las formas y la estética son lo de menos: la matemática de los bits nos enseña que los burdos caracteres del MS-Dos son necesarios para que el ordenador vuelva a ser uno.

A tus espaldas, en las estanterías, puedes alcanzar a tocar una mascota naranja cuya textura blanda tiene la consistencia del sueño de una siesta breve y al lado está la sagrada "Biblia del Flash 5", con las tablas de la ley vectorial, y un tomito de Lingo, que pasó de ser un concurso de la tele presentado por el rey del pollo frito para convertirse en un lenguaje críptico de bajas calorías.

En el estudio hay unos relojes de colores y un campo de calabazas y un perro que vive en un rectángulo en blanco y negro desde el que te mira sin saber muy bien qué hacer. La conversación gira alrededor de los 115 capítulos de aquella serie maravillosa; el capítulo 43 se titula "Adiós" pero nosotros todavía no nos vamos porque queda lengua para rato. Que Chaplin se equivoque al montar un plano produce curiosidad pero, para mí, pasa más desapercibido que notar el brillo que asoma en un par de ojos cuando surge el nombre del amigo que intenta sobreponerse a la adversidad. Las emociones son unos misterios húmedos que acostumbran a asomar por la retina.

A todo esto, el ojo de la pantalla sigue ciego pero Patricia ve las paredes de color chicle.


6 Comments:

Anonymous Alfonso said...

Como siempre..., me sorprendes emejota.
Jamás hubiese pensado que un lugar de trabajo se pudiese convertir en un mundo de fantasía.

Un Abrazo.
Comandante Norton.

8:28 p. m.  
Anonymous causal said...

Yo tambien he estado en ese lugar, templo sagrado del php, salpicado de pixeles y de calabazas.
Uno tiene la impresión de entrar en una cocina del ciberespacio, o mejor, en un avión que surca los inmensos cielos del webuniverso.
Sí, definitivamente cuando entras allí es como cuando el capitán te deja entrar en la cabina y descubres con emoción los dos puestos de mando gemelos: me imagino a Alfonso y Abilio volando por el ciberespacio, pilotando a medias cada vuelo, controlando los niveles de flash, php, vectores y pixeles.
Como niño al que le gusta volar, volveré a visitar la cabina de flexo, en cuanto me dejen los capitanes.
salud.

8:00 a. m.  
Anonymous Flexo said...

9.47 am - cuartel general de Flexo.

El Comandante Norton se dispone a adentrarse en una nueva aventura, terminar de recomponer el ojo derecho de la nave.
Mientras, el Capitán Kasperky rearma su maletín para poder llevar a cabo sus funciones diarias.

Acaba de llegar un Fax. Es un importante "bi-director" que solicita la entrada al cuartel general. La impresora, programada para realizar sus tareas automáticamente, comienza a imprimir un pase Vip. Fecha de caducidad 30-02-2006.

Salud.

10:04 a. m.  
Blogger emejota said...

Gracias a los dos por la invitación y el recibimiento tan cordial.

Un abrazo

12:05 p. m.  
Anonymous Patricia said...

Una mañana de lo más agradable con un cola-cao de los que sientan bien.

La paredes eran de color chicle, sí. Rosas, porque para mi el chicle es de fresa. Seguro que si me gustara la menta las hubiera visto verdes pero es que no me gusta. Pica. A mi me gusta la fresa. El rosa menos. La fresa más.

Voy a llevarme el portátil al cuartel y me pondré en el centro, así haré de nariz ;)

Un abrazo

12:20 p. m.  
Blogger emejota said...

Hola Patricia!

El segundo párrafo lo has escrito dentro del tranvía, seguro. A Unai le gustaría mucho. A Lucas también. Pero a Unai más. María sigue escribiendo en el baño.

Un abrazo

2:28 a. m.  

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