Propósito
Y a partir de mañana volveremos a encender el farol en el porche y haremos como si nada.
Feliz Año a todos. Y un abrazo fuerte.
... "La Idea del Norte" es en sí misma una excusa, una oportunidad para examinar esa condición de soledad que ni es exclusiva del Norte ni de los que van hacia allí, pero que quizá sí aparezca con un poco más de claridad en quienes hayan hecho, aunque sólo sea en su imaginación, el viaje hacia el Norte.
(Glenn Gould, "La Idea del Norte", 1967)
Y a partir de mañana volveremos a encender el farol en el porche y haremos como si nada.
"Los escritores podemos escribir con gran sabiduría acerca de la vida, pero no somos muy buenos para vivir la realidad. Los artistas no somos otra cosa que bebés enormes, sentados en nuestras habitaciones, jugando a nuestros juegos mientras el gran mundo acontece en otra parte"
John Banville
Ya he podido comer. Y al comer he notado los efectos de la sangría de ayer porque me he notado la cabeza más despejada y el pensamiento más fluído. Ha dicho el médico que eso era normal. Pero sigo quedándome en blanco con frecuencia. Pasa de repente. Me he acostumbrado a eso de tal manera que ya sé intuir cuándo una frase va a terminar precipitándose a un agujero negro quedándome agarrado a un saliente de la pared con forma de cinco palabras: "me he quedado en blanco". Ha dicho el médico que eso también era normal.
El parte médico de hoy es que me han quitado medio litro de sangre porque las medidas provisionales que los médicos acordaron la semana pasada mientras concluían las pruebas no han debido servir de mucho y, según han dicho, era peligroso continuar así. Para colmo luego no he podido recobrar fuerzas porque llevo dos días a dieta rigurosa dado que mañana me hacen un estudio de digestivo y riñones. La geografía expande sus fronteras: una vez conquistado el terreno neurológico y a la espera del scanner (próximo martes a las ocho y media de la mañana) ahora andan a la búsqueda de algo en el tracto digestivo o en los riñones. Para variar, yo he preguntado si buscaban algo o "algo", ya nos entendemos, pero ellos contestan, lógicamente, que para saberlo necesitan hacer la prueba. Así que ahora arrastro una flojera terrible. Y la incertidumbre. Y el turrón intacto diciendo el muy cabrón "aquí estoy y estoy muy bueno, que lo sepas". Tengo ganas de terminar ya con todo ésto, de verdad. Dí que ayer recibí, de manera inesperada, el regalo de Navidad más bonito del mundo, al menos lo es para mí en estos momentos. Eso mismo me dijo una amiga mía y también dijo que se le había escapado una lagrimilla de emoción al saberlo. A mí varias. Va a tener razón Saramago cuando en su memorable "Memorial" desvela ese misterio según el cual hay lágrimas que purgan dolores para después manifestar el sosiego del espíritu reconfortado. Y a eso me agarro hoy.
Prosiguen las pruebas y mis visitas de especialidad en especialidad y aunque van saliendo cosas ninguna ha hecho que los médicos tuerzan mucho el morro (que yo es en lo que más me estoy fijando, por si acaso). Hoy por fin me ha visto el neurólogo. Que te citen mediante consulta preferente para el 27 de Enero y que de repente te llamen para el 22 de Diciembre, con lo malos que son estos días, tiene una parte buena y otra por lo menos sospechosa. La buena es que te ven pronto; la menos buena es que te da por pensar que han visto algo gordo. Es lo que pasa por ser hipocondriaco, aunque mi amiga Gloria-hija dice que no, que no soy hipocondriaco sino fatalista. Para el caso, lo mismo.
Sigo pensando que la verdadera música de la Navidad es la de la lotería: la letanía de los niños de San Ildefonso, el rumor denso de los grandes bombos girando lentamente, la elevación súbita y emocionada de la entonación que preludia la llegada del premio, el consiguiente estrépito de voces y flashes, la puntualización serena del secretario de mesa (contrapunto riguroso a la melodía principal), las voces de la radio (vendido en la administración número tal), las risas nerviosas de los agraciados desde la tal administración bautizando la suerte con cava... El de este año es el último sorteo que retransmite Marisa Abad, una de las voces y rostros históricos de la tele, porque su nombre figura en la lista del ERE de Televisión Española. También la música pausada de su voz es un fragmento de paisaje de la Navidad que quedará fijado en la memoria de una mañana fría de Diciembre.
Hoy me dejan descansar, cosa que agradezco. Ayer oí que los médicos barajaban esa posibilidad mientras esperaban unos resultados y alguien dijo: "así dejamos tranquilo al chico". Estoy en esa franja de edad en la que unas veces dicen "así dejamos tranquilo al chico" y otras "así dejamos tranquilo al hombre". A mí con tal de que me dejen un poco tranquilo, que me llamen como quieran.
Ayer me llevé un buen susto a primera hora de la mañana. Afortunadamente sucedió cuando me dirigía al hospital para las pruebas que me han empezado a practicar. Me llevaba mi madre en el coche cuando en cuestión de segundos noté que se me agarrotaban las extremidades y que la percepción de la visión era muy confusa en el sentido de que no podía discernir con claridad si las cosas que veía a través de la ventana estaban cerca o lejos. Al llevarme la mano a la cara noté que tenía zonas de la misma totalmente insensibles, una sensación parecida a cuando el dentista te anestesia. Lo peor vino cuando quise tragar saliva y ví que tampoco podía y me entró un ahogo y, como es natural, un pánico considerable. Lo siguiente que recuerdo es ir conducido en una camilla a Urgencias entre convulsiones de brazos y piernas y las preguntas de los médicos y mi incapacidad para que las palabras que formaba en mi cabeza salieran de mis labios, lo cual aumentaba mi angustia ante lo que me pudiera estar pasando. Reconozco que fue un rato horrible porque sentí un miedo y un pánico atroz que me resulta muy difícil de describir.
Niño Dios d'amor herido,
tan presto os enamoráis,
que a penas avéis nasçido,
quando d'amores llorais.
En esa mortal divisa,
nos mostrais bien el amar,
pues, siendo hijo de risa,
lo trocáis por el llorar.
Villancico anónimo puesto primorosamente en música por
Francisco Guerrero (1528-1599).
De Nolotil, resaca de Nolotil.
Lo último es el riñón. Sí, cólicos otra vez. Sí, el mismo riñón. Y sí, parece que también tras tanto cólico está el elixir. Dicen los médicos que el laboratorio refiere "insuficiencia renal, cólicos y otras afecciones" y examinando retrospectivamente mi historial médico se descubre que mi primer cólico tuvo lugar cuatro meses después del inicio del tratamiento. En los 30 años anteriores ninguno. En los 6 siguientes, tropecientos. No hace falta por tanto ser muy sagaz para atar cabos.
A quince días de finalizar el año Mozart nadie nos ha dicho todavía dónde reside el milagro de esta música asombrosa. Por si alguien se anima a buscar la respuesta, las partituras de la edición crítica de la integral de la obra mozartiana pueden consultarse en Internet y descargarse en archivos .pdf desde ayer. Gratuitamente. La (imprescindible) dirección es:
10/12/06 - 04:51am
El elixir produce daños neurológicos y cardiovasculares. La notificación ha llegado esta tarde como respuesta a una sintomatología dispar que durante los últimos meses ha ido haciéndose con los mandos de mi vida con el mismo empeño con el que yo he intentado mantenerla alejada de mi quehacer cotidiano y de este blog. Pero ya no. A partir de lunes inicio un peregrinaje por especialidades y pruebas de largo recorrido. Es evidente que estoy un poco confuso y descolocado pero también estoy tranquilo en la medida de lo posible. No es poco en un tiempo en el que la tranquilidad se ha convertido, para mí, en un bien tan necesario como escaso. Y lo único que deseo es que nada ajeno al gran problema que tengo delante la perturbe porque en este momento no puedo permitirme malgastar un gramo de la energía que necesito. Por eso mismo este blog pasa a ser, momentáneamente, una incertidumbre intermitente.
He ido y ya he venido.
A los postres de su concierto de debut en el Carnegie Hall en 2003, Lang Lang hizo aparecer en el escenario a este señor para sorpresa de todos:
Cuando después de 25 años una enfermedad crónica se estabiliza empiezan a pasar cosas. Algo se mueve por dentro y, al mismo tiempo, te sientes como si despertaras de un coma que ha durado siglos: desconcertado y perdido en el entorno. Y entonces descubres, con asombro, que tu discapacidad no reside tanto en lo físico sino en la adaptación al medio. Haber vivido en una burbuja desde la infancia conlleva eso pero llega un momento en que el instinto te pide actuar; tardíamente, dadas las circunstancias, pero más vale tarde que nunca. Y como vas fuera de horario te sientes todavía un poco más perdido pero aún así. ¿Qué cosas pide el instinto? Pues independencia, por ejemplo. Vivir una vida propia acorde a las propias posibilidades y limitaciones, con sus buenos y malos momentos. Pero tuya.