Cólico
Me ha dado un cólico de riñón. El izquierdo. Un cólico de los fuertes. Todavía no las tengo todas conmigo porque persiste un punto doloroso, como un aguijón que quema, y una mala gana en el cuerpo que ni te cuento, pero de momento parece que hay tregua, supongo que debido al cóctel cuya receta consiste en:
-2 Buscapinas.
-1 Voltarén
-1 ampolla de Nolotil (bebida)
-1 protector de estómago (es la guinda del cóctel)
(No te asustes, muskarias, ya sabes que soy un poco yonki para estas cosas)
Hacía años que no me daba un cólico de riñón. Pero esta mañana me he levantado con un ligero dolorcillo en la zona de la ingle y luego me he sentado al piano y cuando he hecho un movimiento brusco para que mi mano derecha socorriera a la izquierda, que se encontraba en apuros en los bajos fondos del teclado, he notado de repente una descarga eléctrica familiar y me he levantado corriendo hacia la cocina entre juramentos y maldiciones porque mira que a mí me ha tocado pasar dolores malos pero es que un cólico de riñón, y sobre todo cuando notas que te viene fuerte, es para desesperarse. Así que mientras preparaba el cóctel farmacológico a todo correr le he pedido a Mari que me trajera del armario, por favor, la manta eléctrica. Y mientras tanto el dolor se ha hecho insoportable y me hacía dar vueltas a la cocina mientras intentaba ingerir galletas como si fuera el monstruo de las idem de Barrio Sésamo para hacer fondo de estómago y que todas esas pastillas no cayeran en vacío y entonces ha venido el sudorcillo frío y las ganas de vomitar. Y el vómito.
Me he instalado en el sofá al calor (cansino) de la manta eléctrica, con la botella de Font Vella al lado y de vez en cuando entraba Mari y se me quedaba mirando con cara de susto y decía:
-Vaya mal rato que estás pasando, hijo.
Mari es muy buena gente.
A mí cuando me da un cólico fuerte lo que más temo es tener que subir al hospital. Me saca de quicio eso de la espera mientras te retuerces de dolor. Se me dispara la ansiedad y aún es peor. Así que pongo todas mis esperanzas en el cóctel anteriormente descrito y en la botella de Font Vella. La última vez que no me quedó otro remedio que ir le dije al médico de urgencias que tenía un cólico de riñón y entonces dejó de escribir, levantó la vista y me dijo: "Eso lo dirá usted". Y yo le contesté: "hombre, pues claro que lo digo yo, no te fastidia". Luego tuve que volver al día siguiente y ese médico ya no estaba, estaba otro, y como los cólicos se repetían sin parar y mi vena neurótica e hipocondriaca estaba descontrolada le solté si había riesgo de fracaso renal (vale, de acuerdo, la noche de antes había visto un capítulo de "Urgencias"). Y dejó de escribir, levantó la vista y le dijo al asistente que me dieran un tranquilizante.
Ahora estoy sentado en el sofá con la manta eléctrica en el costado izquierdo, el portatil en las rodillas, el estómago algo revuelto y entre aburrido y alerta, porque el dolor agudo ha pasado pero queda por ahí un murmullo que me dice que luego nos vemos. Yo sigo bebiendo agua. Resignación.

Me atrae mucho la personalidad de Pilar Miró, mujer de adjetivos tan numerosos como contradictorios: de ella se ha dicho que fue dulce, agria, terca, áspera, valiente, insegura, generosa, cruel, tímida, osada, déspota, brillante, maniática, cariñosa, borde, frágil. Al final de esta lista Iñaki Gabilondo precisa: "Fue la más fuerte de los débiles y la más débil entre los fuertes. Una mujer insoportable, extraordinaria, importante y profundamente incomprendida".




Va una manía, que hay confianza: yo dejo pasar un tiempo antes de ver las películas nuevas, sobre todo si vienen con mucho condimento (es decir, si se habla mucho de ellas). Dejo que se posen un poco y cuando ya apenas se oye nada me entrego a ellas, virgen. Por eso cuando se estrenó "Superman returns" lo que hice para animar la espera fue retornar al anterior Superman, el de 1978. Lo mencioné en un post, un momento que lo miro a ver si lo encuentro. Sí,
Hay un discurso autorreferencial constante que transcurre paralelo a la trama dirigido a hacer las delicias de las generaciones entraditas en años y que se concreta en escenas que, o bien son un calco exacto a modo de guiño de otras tantas que aparecen en el Supermán de Donner o bien las parodian. Ambas son deliciosas. Y remontándonos mucho más atrás en el tiempo, incluso llegamos a presenciar la reproducción literal en imagen de la mítica portada del número uno del cómic original de 1938.
Kevin Arnold ha sido padre.
Cómo pasa el tiempo: este post es una voz en off que recuerda aquellos maravillosos años en los que nos emocionábamos viendo "Aquellos maravillosos años". Del episodio piloto va a hacer pronto la friolera de 20 años y yo recuerdo perfectamente su primer visionado, muchas veces después revivido, con esa preciosa fotografía que captaba a la perfección la atmósfera de un verano de finales de los 60 en la cocina de una familia de clase media. A partir de ahí vendrían los monosílabos gruñones de Jack Arnold, la confortable presencia de Norma Arnold, y Karen, Wayne, los Bosques de Harper, Joe Cocker, Paul Pfeiffer, el señor Collins (implacable e inolvidable profesor de matemáticas que se marchó a los sones de Linda Ronstadt, "Good bye, my friend"), la señorita White, Judy Collins, el coche familiar y así todo el rato.
